Carlos Ruiz González

Cuando la niebla confunde, el propósito aclara: el día que tu empresa entra en modo VUCA

¿Qué distingue a los líderes que reaccionan de los que se orientan? En tiempos normales, dirigir parece fácil: los planes funcionan, los tableros avanzan y el entorno confirma lo que ya sabíamos.

“La incertidumbre no es un enemigo: es el escenario donde los líderes aprenden quiénes son”.

—Simon Sinek

Cuando “La Costeña” entró en modo VUCA

En 2017, La Costeña enfrentó uno de los momentos más duros en su historia reciente. Una fotografía viral, que mostraba supuestas irregularidades en su planta, desató un torbellino de notas alarmistas, cadenas en WhatsApp, llamadas de distribuidores y un boicot espontáneo que escaló en cuestión de horas.

Este es un escenario VUCA perfecto: volátil porque surgió sin aviso; incierto porque nadie sabía si el daño era temporal o estructural; complejo porque involucraba calidad, reputación, proveedores, clientes y autoridades; y ambiguo porque circulaba información contradictoria a una velocidad inédita.

Muchas empresas, en ese punto, se paralizan o reaccionan con improvisación. La Costeña hizo lo contrario: volvió a su propósito. No negó ni escondió. Abrió la puerta con comunicación inmediata, auditorías externas, recorridos públicos en la planta y transparencia completa. Recordó su razón de ser: “Confianza y calidad”.

Este es el poder del propósito, funciona como brújula cuando el mapa se incendia. Y fue ese mismo propósito el que le permitió sobrevivir e, incluso, salir fortalecida.

VUCA: un acrónimo interesante

Hoy todos navegamos en un entorno que se ha vuelto radicalmente diferente al de hace apenas una década. Ese entorno tiene un nombre: VUCA, un acrónimo que nació en el ejército de Estados Unidos para describir la naturaleza cambiante de las operaciones militares, pero que hoy define la vida directiva.

  • Volatilidad: cuando los ciclos se acortan, los mercados cambian en días y las tendencias nacen y mueren en semanas.
  • Incertidumbre: la sensación permanente de no tener toda la información, de estar decidiendo con piezas faltantes.
  • Complejidad: el efecto dominó donde un cambio pequeño –tecnológico, político, regulatorio o social– altera toda la estructura.
  • Ambigüedad: ese territorio donde no hay precedentes, donde múltiples interpretaciones compiten y ninguna es totalmente confiable.

El problema no es vivir en un mundo VUCA, sino pretender vivirlo con herramientas del siglo pasado.

Enfrentando el VUCA

Lo veo cada semana con directores y empresarios. Todos tienen planes, KPI, tableros e indicadores; pero cuando aparece una crisis VUCA, esos instrumentos suelen quedarse cortos. En ese instante surge la pregunta incómoda: ¿Qué hacemos ahora? Sin embargo, la verdadera pregunta es: ¿Desde dónde decidimos?

  • El que decide desde el miedo se precipita.
  • El que decide desde la presión improvisa.
  • El que decide desde el propósito… se orienta.

Porque el propósito no elimina la crisis, pero ordena al líder dentro de la crisis. Es un criterio superior, un faro.

Imagina tu propia organización atravesando una tormenta. Un competidor lanza un servicio con IA y tus ventas caen 12% en un mes (volatilidad). Los clientes quieren algo “digital”, pero no saben explicar qué (incertidumbre). El cambio afecta procesos, cultura, reclutamiento, comunicación y presupuesto (complejidad). Y los datos te dicen cosas distintas según la fuente (ambigüedad).

En ese terreno no sirven los manuales del año pasado. Ahí sirve tu propósito. Es lo único que te permite distinguir entre movimientos estratégicos y reacciones impulsivas, entre innovar con sentido o simplemente seguir la moda.

Los líderes que recordamos no son los que nunca se equivocan, sino los que mantienen dirección cuando la niebla se espesa. Los que no traicionan lo esencial, aunque cambie todo alrededor. Los que entienden que liderar no es adivinar el futuro, sino dar sentido al presente.

La Costeña lo demostró y muchas empresas mexicanas –familiares o institucionales– lo viven cada año: cuando se sostienen en su propósito, encuentran claridad, incluso en la tormenta. Ese es el liderazgo que necesitamos, uno que no solo administre recursos, sino que administre sentido.

Hoy, muchas empresas viven tan aceleradas que confunden “hacer mucho” con “saber a dónde van”. Claro, así cualquiera entra en modo VUCA. Es como correr en una banda sin fin: sudas, te cansas y te duele la espalda, pero sigues en el mismo lugar. El propósito, en cambio, es bajarte de la banda y encaminarte hacia la salida correcta. Aunque sea más despacio… por lo menos avanzas.

“En un mundo VUCA, el mapa cambia. La brújula no”. —C. R. G.

“En un mundo VUCA no gana el que corre más rápido, sino el que sabe hacia dónde sigue

corriendo”. —C. R. G.

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