La represión tiene muchos rostros que van desde el uso de los granaderos y grupos de choque como el ‘bloque negro’, hasta la judicialización de la protesta con detenciones y consignaciones arbitrarias contra manifestantes que no participaron en las agresiones a policías.
La marcha convocada por la generación Z fue pacífica hasta llegar al Zócalo, en donde se infiltró gente embozada que iba armada con esmeriles y diversos instrumentos para tirar las vallas y atacar a las fuerzas del orden.
En las marchas organizadas por opositores al sistema, la izquierda radical manda al ‘bloque negro’ para violentar las protestas y con esa etiqueta estigmatizar a los manifestantes.
Cuando la manifestación es a favor del oficialismo, nunca se aparecen los grupos de choque.
¿Usted recuerda, estimado lector, alguna manifestación organizada por el oficialismo, tanto en tiempos de AMLO como ahora con Sheinbaum, en donde se hayan aparecido el ‘bloque negro’ u otros grupos violentos? Por supuesto que no.
Ello, además de ser una clara evidencia sobre el patrocinio y la formación de estos grupos, habla de que es el mismo gobierno quien los maneja.
Los sistemas de inteligencia de la Sedena y Marina, así como los chicos de Omar García Harfuch, tienen toda la información relativa a los halcones de la 4T, incluso de sus patrocinadores y líderes. Sin embargo, no han hecho nada para detenerlos por una simple razón: son de casa.
Se intentó desacreditar la marcha Z con la irrupción violenta de los halcones de la 4T y por la participación de opositores, incluso provenientes de partidos políticos, la Marea Rosa y ciudadanos que están hartos de la violencia y la inseguridad que prevalece en buena parte del territorio nacional.
“Fueron muy pocos jóvenes”, “están pagados por la derecha internacional”, “son bots” y una serie de calificativos que buscan denostar a esos mexicanos que no comulgan con el actual gobierno.
Un estadista busca tender puentes de diálogo y negociación con sus detractores; un dictador arremete con toda la fuerza del Estado para apaciguar a los revoltosos.
La presidenta no ha entendido que la represión no contiene a los disidentes, sino que aviva la violencia, la polarización e impacta la gobernabilidad.
Los organismos que tienen los ciudadanos para denunciar el abuso del poder público, como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que preside una Piedra, no han dicho una sola palabra del abuso de policías contra manifestantes. Al contrario, mantienen un silencio de complicidad que llama la atención de organismos internacionales de protección de los derechos humanos.
El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, y ahora la represión contra la marcha de la generación Z le quitaron el disfraz de demócratas a la 4T, para dejar al descubierto su verdadero rostro de tiranos.
Al fiel estilo de otras dictaduras de la región como Cuba, Venezuela y Nicaragua, se reprimió a punta de golpes, de expedientes judiciales y cárcel a los manifestantes.
Falta ver, caso por caso, qué tanta culpa tienen los acusados por la Fiscalía capitalina, en donde cobra como titular la hermana de la dirigente nacional de Morena. Bertha María y Luisa María, entre alcaldes te veas.
Por cierto, en todo este affaire represivo, ¿en dónde queda la jefa del gobierno capitalino, Clara Brugada, quien fue una de las responsables de operar la estrategia de choque para ponerles en la madre a los asistentes a la marcha Z?
Mucho tendrán que explicar esta funcionaria y César Cravioto, secretario general del gobierno capitalino, por el diseño del operativo desplegado por los granaderos y el ‘bloque negro’. Ambos grupos, uno oficial y otro, con el rostro cubierto, fueron parte de un mismo esquema de represión.
El autoritarismo incentivará las movilizaciones y encenderá las voces disidentes, impulsando a los opositores a derrocar a la 4T.
Ojalá todas las inconformidades sean pacíficas y que el gobierno muestre tolerancia y altura de miras, ya que caer en el juego de la provocación afecta la gobernabilidad y la paz social.
Los que convocaron a la violencia no fueron los manifestantes del 15 de noviembre, fueron el gobierno y sus grupos de choque, y ello lo saben, incluso, los gobiernos democráticos del mundo.
Tal vez por eso está tan preocupado el presidente Donald Trump por la instauración de un régimen represor en su vecino del sur.