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‘Ganaba lo mismo en Ford que vendiendo carne’: Historia de Bafar, empresa que creció por un crédito de Slim

El empresario Eugenio Baeza abrió Grupo Bafar en 1983 como un pequeño emprendimiento dedicado a la distribución de carne en lugares lujosos y de ‘barrio’.

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Actualmente, Grupo Bafar es propietaria de diversas marcas de embutidos, carnes frías y cadenas de autoservicio especializadas en carnes rojas. (Foto: Cuartoscuro/ Unsplash)

¿Alguna vez te has preguntado cómo nacen los grandes negocios? Aunque muchas personas consideran que es buscando arduamente en dónde incursionar, Eugenio Baeza, el empresario mexicano dueño de Grupo Bafar, tiene otra teoría.

En ocasiones, las oportunidades se presentan solas: “todos tenemos una soga con una lazada y las oportunidades vienen pasando enfrente de nosotros, cuando lo tiras y se agarra, pues agárrate”, comentó para el pódcast de Oso Trava.

Sus palabras no son a la ligera, un claro ejemplo es la historia de Grupo Bafar, una empresa que comenzó luego de que Eugenio Baeza se dio cuenta de que podía ganar dinero como distribuidor de carne y decidió renunciar a su trabajo en Ford.

¿Cuál es la historia de Grupo Bafar?

Desde que era pequeño, Eugenio Baeza, empresario originario de Chihuahua, aprendió a trabajar en el rancho, debido a que su papá les daba tareas a realizar durante las vacaciones de verano para el mantenimiento y desarrollo de la propiedad.

Baeza estudió en el Colegio Militar y al salir ingresó al Tecnológico de Monterrey; sin embargo, no se sintió cómodo y buscó una nueva escuela en Nuevo México, Estados Unidos, a donde lo dejaron ir con una condición: volver durante las vacaciones para trabajar en el rancho.

“Cuando me gradué no quería regresar, yo quería ser trailero”, recordó durante el pódcast de Oso Trava; sin embargo, no logró realizar sus planes, debido a que sus papás lo obligaron a volver a Chihuahua y trabajar.


Con sus conocimientos Eugenio Baeza ingresó a una planta de la empresa automotriz Ford. Él recuerda que en ese momento, se estaba realizando la construcción de una ‘mega planta de motores’.

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Carlos Slim ayudó a que Bafar adquiriera Parma (Fotoarte: El Financiero / Créditos: Shutterstock, Cuartoscuro).

Por este motivo, comenzaron a llegar personas de Venezuela, la Ciudad de México y Estados Unidos: “toda esta gente que iba relacionaba Chihuahua con la buena carne y los quesos”.

Alimentos que se volvieron necesarios los viernes, ya que al salir temprano, los trabajadores y empresarios solían organizar carnes asadas a las cuales Eugenio era invitado.

“Entonces yo les dije: ‘yo les consigo la carne’. Me llevé un asador, que tenía mi papá en los corrales y les hice la carne asada, les gustó mucho”, compartió. Su popularidad fue tal que le pidieron la dirección del lugar en donde había comprado los alimentos.

“Les dije: ‘no, pues, yo te la traigo’. Las primeras cajas se las llevé con mucho gusto y les dije vale 10 pesos, pero de repente me estaban pidiendo 40 cajas a la semana”, explicó, una labor muy demandante que debía combinar con su trabajo en Ford, aunque muy redituable.

“Llegó un momento en el que estaba ganando más (...) le dije a mi jefe: ‘Tengo una pregunta, ¿cuánto tienes en Ford y cuánto ganas?’”, recuerda que en ese momento se dio cuenta que podría obtener más ganancias con la carne.

“Yo hice cuentas, pero ganaba lo mismo que él (en Ford) vendiendo cajas de carne, entonces renuncié”, compartió. Ahí nació Bafar, aunque no como la empresa que conocemos hoy en día, sino que en un ‘cuarto de 4x2’.

De emprendimiento a empresa: ¿Cómo fue el crecimiento de Bafar?

En 1983 y con ayuda de su papá, Eugenio consiguió un pequeño local con una mesa para hacer los cortes de carne, aprovechando todos sus conocimientos del rancho, y comenzó a comercializarla.

De forma inicial, él compraba toda la res y vendía los cuartos delanteros de donde salen los cortes más finos y costosos como el T-Bone, New York y Rib Eye; sin embargo, los cuartos traseros no tenían salida para el mercado al cual le vendía.

“Fui a buscar a quién venderle esas partes y encontré que en las carnicerías de barrio estaban al revés, tenían almacenado el cuarto trasero”, dijo. Fue así que comenzó a comercializar.

A las carnicerías de barrio les compraba los cuartos delanteros, que vendía a los lugares lujosos; y a su vez, a estos lugares les adquiría los cuartos traseros que ofertaba con los carniceros de las colonias populares.

También comenzó a innovar, debido a que él hacía los cortes y solo llevaba las piezas que deseaban, ya sea costilla, lomo, falda o pierna, lo que facilitaba el trabajo de los carniceros.

El cuarto evolucionó a un salón de baile que adaptó para el almacenamiento de la carne y se hizo de tres empleados, pero nada fue sencillo: “Yo vendía de día y deshuesaba de noche”.

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Él es el mexicano que consolidó su imperio cárnico con ayuda de Carlos Slim. (Fotoarte: El Financiero | Crédito: Shutterstock/Bloomberg / Grupo Bafar)

El crecimiento continuó cuando el empresario se puso en contacto con intermediarios de Estados Unidos que le facilitaron la importación de productos de otros países; sin embargo, para ello tuvo que aumentar sus ventas.

“Manejaba 30 tráileres al mes, vienen estos señores y me dicen, necesitamos que muevas 50 tráileres a la semana. No tengo ni como”, recordó. A pesar de ello, entró al negocio y compró la flotilla en una subasta.

“Llegamos a vender 100 millones de dólares y mil 90 empleados. Utilidades de 7 millones”, comentó, pero cuando por ley tuvieron que crear sociedades anónimas, sus cuentas se descontrolaron.

Debía 8.9 veces de lo que tenía (...) Era un buen comerciante, pero no le entendía a la contabilidad. Ahí tuvimos años complicados, al recortar de mil 100 personas a 90, cerrar los centros de distribución, problemas con los socios”, comentó.

Tras varias dificultades, Eugenio decidió ir a la Universidad de Harvard a estudiar para comprender cómo podía llevar su negocio, pues ya no era un emprendimiento pequeño, sino una empresa.

¿Qué hizo Carlos Slim por Grupo Bafar?

Cuando terminó sus estudios decidió que Grupo Bafar debía tener diferentes marcas, entre ellas las de embutidos, además de la carne que ya comercializaban y buscó expandirse.

Para ello en 1996 Grupo Bafar ingresó a la Bolsa Mexicana de Valores para obtener los recursos necesarios para el crecimiento, con lo que tuvo éxito. Dos años después adquirió la empresa Carnes Bif y sus 31 establecimientos.

Para 1999, firmó un contrato para comprar las marcas, activos y acciones de Grupo Burr y un año después se aventuró a hacer negociaciones con Nestlé para la adquisición de las marcas Parma, Sábori y Campestre.

No obstante, los atentados del 11 de septiembre de 2001 complicaron las negociaciones y ante el riesgo de que Sigma Alimentos se quedara con las marcas, Eugenio decidió viajar hasta Suiza, reunirse con los dueños de Nestlé y pactar la compra.

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Carlos Slim fue importante para el negocio de Eugenio Baeza. (Fotoarte: El Financiero Crédito: Shutterstock / Bloomberg) (Fotoarte: El Financiero Crédito: Shutterstock / Bloomberg)

“Me fui a Suiza y pedí una junta con un señor que se apellidaba Mr. Ching, era el de Mergers and Acquisitions de Nestlé (...) Al final de cuentas, me dijo que sí, que me la vendía en 20-21 (millones) creo y me dijo, ‘tienes que pagarlo en esta semana’“.

Una operación para la cual pidió un préstamo a uno de los empresarios más ricos de México: “Yo había conocido al ingeniero Carlos Slim en la colocación de la Bolsa (...) le digo: ‘fíjate que acabo de comprar Parma y necesito el dinero’ y entonces Inbursa me lo depositó. Hasta que regresé de Suiza, vine a firmarle los pagarés, entonces, pues estoy muy agradecido con los señores Slim”.

El préstamo fue importante, ya que luego lograron comprar la infraestructura sofisticada que permitió procesar 15 mil 800 toneladas anuales de carne. Actualmente, Grupo Bafar es dueño de varias marcas y exportan a 6 países diferentes.

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